El TRE y la psicoterapia relacional integrativa

En el proceso de aprendizaje de la técnica TRE de la que os hablaba en el anterior post, he ido descubriendo sinergias entre mi práctica psicoterapéutica y esta técnica corporal. De las concordancias que encuentro entre la Psicoterapia Integrativa centrada en la Relación y basada en el Desarrollo Evolutivo y TRE, hoy me centraré en las necesidades relacionales y los métodos de la psicoterapia. Puede que este texto sea interesante para psicoterapeutas que deseen incorporar el cuerpo en su práctica o para terapeutas corporales que deseen ampliar sus conocimientos en psicoterapia. A ambos grupos de personas, os animo a formaros en cualquiera de las dos disciplinas.

En la facilitación de la técnica de TRE hay una constante atención a las necesidades relacionales de la persona, que se atienden sin apenas palabras. Con necesidades relacionales me estoy refiriendo al modelo de necesidades humanas basadas en la relación que desarrolló Richard Erskine, con Janet Moursund y Rebecca Trautmann en “Más allá de la empatía: una terapia de contacto-en-la-relación” (1999), y que son un componente fundamental de la psicoterapia relacional integrativa. Éstas son: seguridad, valoración, posibilidad de autodefinición sin juicio, mutualidad o experiencia compartida, a que tomen la iniciativa con nosotros/as, a producir un impacto en los demás, a poder depender de alguien que nos guíe y nos acepte, y a expresar amor. Además, un/a buen/a facilitador/a de TRE va a tener un manejo excepcional de la sintonía (con el sistema nervioso), la indagación (fenomenológica) y la implicación terapéutica. Los conceptos de sintonía, indagación e implicación (recogidos en el diagrama visual del Keyhole o el Ojo de la Cerradura de la Psicoterapia Relacional Integrativa) son, asimismo, centrales en mi práctica psicoterapéutica pues son la base de los métodos que usamos para la reorganización de la personalidad en psicoterapia.

En cuanto a las necesidades relacionales, la persona que va a facilitar TRE tiene que proveer un espacio seguro donde el cuerpo pueda desplegarse y la mente acallarse y confiar. La seguridad es una condición sine qua non. Al proveer seguridad, las vísceras, los músculos, las tensiones se van a poder soltar y el cuerpo va a poder ser escuchado sin que la mente interfiera constantemente (o esa será la propuesta ☺). Para ello el facilitador/a, primeramente, especifica la estructura de la sesión, precisando qué significa TRE, de dónde proviene, quién fue su creador, en qué va a consistir la sesión y cuánto va a durar. A su vez, se asegura de que la persona esté cómoda en el espacio que está y que comparte con el/la facilitador/a.  La estructura satisface la necesidad de seguridad pues reduce la incertidumbre y el caos, y crea un entorno predecible donde el practicante puede enfrentar con confianza su vulnerabilidad. Según Eric Berne, médico psiquiatra, creador de la teoría del Análisis Transaccional, la estructura es la necesidad psicológica de mantener el equilibrio, la estabilidad y la predictibilidad de lo que va a ocurrir, evitando, así, la ansiedad que surgiría de no tener un marco de referencia concreto. Otra forma de generar seguridad que tiene el/la facilitador/a es estando presente e implicado, acogiendo lo que cada cuerpo expresa y mostrando un profundo respeto por la vulnerabilidad de cada uno/a; normalizando, validando y tranquilizando sobre lo que va ocurriendo; poniendo interés auténtico y curiosidad genuina en lo que sea que pase en el cuerpo. La seguridad es la experiencia visceral de estar a salvo, de poder mostrarse vulnerable y, a la vez, en armonía con la otra persona. Cuando se trata de que el cuerpo hable y se muestre, la seguridad de que no vamos a ser humillados, ni juzgados, ni apresurados en la relación es una necesidad imperiosa.  Cuando la facilitación es en grupo, el/la facilitador/a trata al grupo como si de un solo organismo se tratara, donde tanto el propio/a facilitador/a como todos los miembros del grupo forman un único organismo donde todas las resonancias tienen cabida. El/la facilitadora es un miembro más de este organismo completo, se deja resonar por lo existente en el grupo, y desde esa resonancia (que en psicoterapia hablaríamos de contratransferencia) se permite actuar para impulsar la experiencia del grupo.

El/la facilitador/a ha de proporcionar una guía confiable, para que las personas puedan soltar su propio control y permitirse explorar las sensaciones del cuerpo sin que la mente esté constantemente en alerta. El/la facilitador/a va a mostrar uno a uno los ejercicios y, tras cada ejercicio, la persona va a practicarlo con la mirada atenta y respetuosa de su facilitador/a. Éste/a, ha de estar enraizado, y presente en su cuerpo, tanto al mostrar los ejercicios como al observar su ejecución. Este arraigo del facilitador/a en sí mismo/a es una cualidad que le hace presentarse como una guía potente y de quién se puede depender. Al haber alguien que muestra los ejercicios y que acompaña en su realización, que atiende, que pone palabras a las necesidades que emergen en el proceso, que sostiene el espacio de la práctica, la persona que es facilitada se puede permitir explorar en si misma con curiosidad porque hay alguien que está sosteniendo el espacio, conteniendo, apoyando, interesándose, guiando.

Dos principios fundamentales en TRE son la autorregulación y autoempoderamiento. La autorregulación consiste en que, en una escala de activación del 0 al 10, la invitación es a quedarse en un nivel moderado del 7. Esto no es tan fácil como parecería, encontrar nuestro 7 es un proceso de escucha y atención al propio cuerpo.  Autoempoderamiento tiene que ver con la capacidad de aprender esta técnica y tener el poder de realizarla uno/a mismo/a cuando lo requiera, y a la vez, de poder decir “voy a parar un rato” o “esto no me gusta y lo voy a cambiar” o “voy a explorar un poco más por aquí” por uno/a mismo/a dándose todo el permiso para ello.  Estos dos principios, para mi, tienen que ver con la necesidad de autodefinición, porque habilitan la capacidad de expresar y experimentar la singularidad del propio cuerpo.  No es sencillo escuchar el mensaje del cuerpo de  “está bien hacer una pausa” si se tiene una creencia de base tal como “esfuérzate” o un mandato interno de “no sientas lo que sientes”.   Con la práctica de TRE despertamos la autodefinición del cuerpo y la escucha atenta de la mente que acompaña y aprende a respetar y satisfacer las necesidades del cuerpo (me tomo la licencia de hablar de una separación de cuerpo y mente como agentes separados, pero considero que ambas partes forman un Todo indivisible y mutuamente influyente). Estas creencias o mandatos internos seguramente se formaron en edades tempranas, anteriores al lenguaje, que ahora son experimentadas como reacciones fisiológicas y emocionales depositadas en el cuerpo y no accesibles desde la consciencia. En las personas traumatizadas o  que padecen estrés post-traumático, sus cuerpos se mantienen en alerta constante mientras sus mentes tratan de seguir con sus vidas. Hasta que no se le dé al cuerpo la posibilidad de definirse y de hablar, o chillar, la persona estará atrapada en un círculo de estrés sin fin. Tanto la psicoterapia relacional integrativa con sus métodos y sus técnicas expresivas, como el TRE facilitan la autodefinición del cuerpo y la liberación del trauma.

El/la participante de una sesión de TRE puede generar impacto en el facilitador sin siquiera proponérselo conscientemente. El/la facilitador/a, que está en sintonía con lo que en la persona está ocurriendo, le va a hacer saber que ha visto esa pequeña vibración que emerge tímidamente, o por ese gran balanceo, y le va a preguntar por cuál es su experiencia interna. El/la facilitador/a puede mostrar asombro y curiosidad, puede manifestar entusiasmo por lo que está viendo y sintiendo porque entre ambas partes hay una conexión real. Dejarse impactar por el movimiento, el temblor, la vibración o la quietud de la persona, indagar fenomenológicamente en lo que está sintiendo (qué siente, dónde lo siente, qué cualidades tiene eso que siente,…) y a la vez validar su experiencia interna produce la sensación positiva en el/la practicante de que ha sido visto y de que es capaz de atraer el interés y la atención de otra persona.

En  TRE se habla de co-regulación de sistemas nerviosos. Si la resonancia del facilitador/a está bien asentada, se va a generar una relación de pleno contacto entre los sistemas nerviosos de ambas partes, y a eso lo llamaría mutualidad, reciprocidad o compartir la experiencia. La necesidad de reciprocidad es la necesidad de estar con alguien que haya vivido lo mismo que tú, de estar con alguien que sepa de primera mano cómo es estar ahí y sentirse de esa manera, y a la vez responder con sensibilidad. El facilitador/a, si está en pleno contacto consigo mismo/a y en exquisita resonancia (sintonía) con el/la practicante, estará experimentando de manera compartida el/la practicante esté experimentando a nivel de sistema nervioso. Me refiero a experimentar mutuamente, y sin que medien las palabras, sensaciones de frío o calor, comodidad o incomodidad, agrado o desagrado, o la necesidad de tomar una respiración profunda, de soltar o contraer alguna parte del cuerpo, o de hacer un pausa, … Ya he nombrado que el/la facilitador/a va a estimular la auto-regulación, esa capacidad de regularse a uno/a mismo/a gestionando los propios recursos, pero también va a estimular la co-regulación, esa capacidad de que el estado del sistema nervioso (simpático o parasimpático) de una persona influya en el estado de la otra con quien se relaciona, esa influencia mutua, sobre todo, a nivel de sistema nervioso. Para que se de este nivel de mutualidad a nivel de sistemas nerviosos, el/facilitador/a ha de estar bien arraigado, y estar presente para poder captar sus sensaciones, transformarlas en indagaciones y accionar algo en el practicante.

También me parece que la práctica de TRE es una forma de experimentar amor, de darlo y recibirlo. La seguridad construida, la indagación y validación de la experiencia, la presencia y el interés genuino, la intimidad que supone estar juntos sosteniendo la vulnerabilidad del cuerpo es una forma propicia la experimentación de cariño, agradecimiento y estima.

Hay mucho más que podría contaros de ambas disciplinas, pero hoy creo que es suficiente. Si habéis llegado a leer hasta aquí, os felicito y os lo agradezco. Será un verdadero placer saber qué os ha parecido y si os interesaría saber más.

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